El interés científico y social que tienen las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) está ya fuera de toda duda. Televisores, computadoras, videocámaras, celulares, Internet y otras tantas nuevas tecnologías han sacudido nuestra sociedad con cambios económicos, políticos y educativos, entre otros.
En todos los ámbitos de la sociedad (el entorno laboral, las relaciones personales, el espacio público, la economía,...), las TIC han alterado todo lo concerniente a la comunicación y a la manipulación de la información. Como consecuencia, nos enfrentamos a un nuevo modelo de sociedad.
Para que las ventajas potenciales del nuevo modelo de sociedad y del entorno social se aprovechen adecuadamente, se requieren profundos cambios en nuestro modo de estructurar el conocimiento y los intercambios comunicativos.
Sin embargo, todos estos cambios no han impactado en las concepciones básicas de la escuela. La institución escolar apenas ha cambiado durante el último siglo a pesar de que la televisión, la radio y las otras TIC se han transformado en el modo principal de transmitir, producir y reproducir la información en nuestra sociedad. La escuela sigue basando su modelo de enseñanza en una tecnología muy concreta: la de la palabra impresa. La sociedad para la que se preparaba a los jóvenes hace más de un siglo tiene poco que ver con la que conocemos hoy en día.
Las TIC han multiplicado la cantidad de información disponible para la mayor parte de los ciudadanos. Los niveles de producción cultural de nuestro tiempo no pueden compararse con los de ninguna otra época de la historia de la humanidad. Las vías de acceso a la cultura se han multiplicado y la supremacía de la palabra impresa entra en conflicto ante la emergencia de la comunicación audiovisual y multimedia.
Si la escuela permanece indiferente ante los cambios que se están produciendo en nuestra sociedad, corre el riesgo de transformarse en una institución anticuada e inútil.
De la misma manera que leer un texto no significa solamente conocer las letras y las palabras que se forman con ellas, sino que también significa saber interpretar significados, descubrir metáforas, analogías..., leer una imagen no significa únicamente identificar sus elementos morfológicos. El desconocimiento de las particularidades de este lenguaje (sintaxis y semántica, lectura y análisis crítico, composición de mensajes) deja al receptor de los mensajes audiovisuales pasivo ante los impactos emotivos que va recibiendo con las imágenes e indefenso ante su tremendo poder de seducción.
No obstante, como apuntan José Mª Bautista y Ana Isabel San José (2002) "la cuestión central no es que haya que utilizar más los medios de comunicación en el aula... tampoco se trata de que necesitemos preparar a los niños para que sepan ver el cine o la televisión. La urgencia es que necesitamos preparar a los niños para que sepan vivir y sobrevivir en un mundo donde la imagen y las relaciones simbólicas son las que configuran la realidad"
En definitiva podemos considerar que una persona tiene una adecuada formación audiovisual si puede comprender los mensajes soportados mediante imágenes y también es capaz de comunicarse mediante imágenes.
Hola a todos los estudiantes de este taller, la idea es que podamos expresar aquí todas las expectativas, ideas, proyectos que tengan en relación a la etapa que juntos vamos a transitar.